No dejes para mañana lo que puedas…

 

No hace falta terminar la frase. Todos hemos oído en boca de nuestras madres, este refrán tan español. Sin embargo, cada vez que visito a un cliente, -ya sea por un tema de fontanería o de electricidad, y le recomiendo una obra luego de resolverle momentáneamente el  problema, siento que lo aplazará, lo dejará “hasta que aguante”. Lo procrastinará.

He pensado mucho acerca de ello. Personas de buen nivel económico a quienes le adviertes que hay que reemplazar, -por ejemplo,   el sistema de tuberías porque está podrido y por consiguiente afecta su salud por el agua que bebe; esperan el momento límite sin pensar en las múltiples consecuencias que devengará.

En lugar de pedir un presupuesto e ir organizando el trabajo sugerido,  que evitará gastos  mayores en un caso de urgencia, se sientan a esperar o simplemente posponen, procrastinan, una palabra poco frecuente en su uso, pero sí en nuestros hábitos culturales.

Este mismo cliente, -que no por ello deja de ser un “buen cliente”; siempre encontrará cosas más importantes que hacer. A saber: cambiar las cortinas, pintar la habitación, incluso sustituir un grifo antiguo por el más moderno que vieron en la publicidad, o irse de vacaciones.

Y esto, como bien explica Eduardo Punset en el vídeo de cabecera, es una actitud a corregir, porque los únicos afectados al fin y al cabo, serán este “club” que ahora reivindica sus derechos como procrastinadores que son.

Y hasta luego, que tengo que preparar el post de la próxima semana.

 

 

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